
La traductora de silencios
Elena Varela lleva doce años interpretando en los juzgados cuando, durante el proceso por la muerte de una técnica de BioLumen, empieza a oír en rumano frases que el acusado no pronuncia: el botón de un ascensor, una testigo borrada y una amenaza. En la sala 7, donde cada palabra debe tener fuente y cada silencio produce efectos jurídicos, Elena tendrá que decidir si preserva el canal, alerta a la jueza, sigue el rastro del lote 17-B o abandona el caso antes de que la empresa la corrija «fuera».